Los que ya no están.
Los que ya no están nunca se van. Se quedan en las esquinas de las casas, bajo las camas. Te observan y te siguen con la mirada. Están en los que se quedaron, los que siguen acá. Los que ya no están me regalaron muchos momentos felices, corriendo como locos por la casa, tirando los trastes y comiéndose mi comida. Me acompañaron por las noches de lluvia y durmieron conmigo, me escucharon en mis noches más tristes y me acompañaron en las más felices.
Los llevaré conmigo por el tiempo que me queda y nunca olvidaré sus bigotitos, las orejitas triangulosas, las garras que me pedían comida y los maullidos cuando cocinaba. Mauricio, el primero de todos, el que me enseñó a tener paciencia para ser papá. Gata, que llegó siendo una bebé y dio origen a los demás, Fridita que por averiguar qué era una araña, la mordió una viuda negra, T-chala, con su inconfundible mia-u y su paciencia al lado mío pidiendo comida. Danny phantom, que murió de tristeza, Copito de nieve, a quién cargué y le cantaba su canción. Todos son parte de mí.
Siguen acá, me visitan en la noche y salen por las esquinas cuando camino, me ven desde los techos de las casas y se asoman en la luna. Están, no se van.
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