Te soñé.

 Llegaste a mi cuarto, solo vi tus ojitos hermosos, no dijiste nada, pero te sentaste conmigo, te intenté acariciar, pero tus ojos me dijeron que no, no venías a eso. Me recosté y te pusiste sobre mi, sentí tu corazón, tu calma. Poco a poco acerqué mi mano a tu espalda y te acaricié. Se regresó el tiempo al primer día contigo, cómo la casa se llenó de vida, como la recorriste y te hiciste dueña de ella. Cómo te hiciste parte importante de mi vida, recordé cuando solo éramos tú y yo. Cómo cuando hacía frío te metías conmigo en la cama y te quedabas dormida en mi pecho. Te recordé elegante, suave. Después de un rato, decidiste que era hora de irte de nuevo y se me hizo pequeño el corazón otra vez. No sé cómo decirte que dejaste un hueco enorme, que no lo llena nadie. Sé que ahora juegas en las estrellas, brincas de una a otra, persigues cometas y duermes entre nubes. Tus ojitos de gata ven desde arriba lo que ocurre acá, de seguro viniste porque sabías que me hacía falta verte, mi gatita hermosa. Mi gata Gata. Te extraño, me faltas, la casa no es la misma sin ti. Espérame un ratito gatita mía, ya iré para jugar contigo y los demás, prometo dar lo mejor de mi para contarte muchas cosas a ti y a los demás cuando los vea y llevarles muchos recuerdos nuevos para que los huelan y los vivan conmigo. Cuídate mi niña preciosa. 


 

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